CULTIVANDO EL ESPÍRITU

Para los antiguos griegos; cultura o colére consistía en cultivar el espíritu con los productos más finos de la sociedad humana. En la lingüística alemana, cultura llegó a ser sinónimo de civilización. Sin embargo, dichas civilizaciones occidentales, estigmatizaron como barbarie, todas aquellas realidades humanas que no se acomodaran a su salvajismo tecnificado.
Pero la capacidad de cultivar el espíritu no es patrimonio de ningún pueblo. Todas las religiones y filosofías del mundo, han coincidido en la búsqueda de una consciencia superior, que ofrezca
esperanza a sus pesares cotidianos: guerras, pestes hambres y catástrofes naturales
Consciencia que según los calendarios antiguos, debería alcanzar su máximo esplendor, por estos tiempos: el Sexto Sol de los Mayas, el décimo Pachakutik de los Incas, la Era de Acuario de los astrólogos, y hasta el temido juicio final de los cristianos, lejos de comerciar rentables castigos y salvaciones apocalípticas, se refieren a una renovación del espíritu humano
Renovación nada fácil, en una sociedad donde la voz de la razón ha monopolizado las verdades que pertenecían a los mitos, donde los rebaños humanos prostituyen su alma con el marketing espiritual, y donde los hijos del tiempo de calidad se inventaron fetiches para aliviar su soledad
¿Demagogia espiritual? ¿Moda? ¿Charlatanería esotérica? Vivimos en una época en que las filosofías deterministas de la reencarnación se han transformado en terapias de regresión; en que las artes adivinatorias se convirtieron en psicologías simbólicas; en que las especulaciones sobre discos voladores se convirtieron en temas de seguridad militar, y donde el monólogo de la razón, empieza a buscar un diálogo mas consciente con la intuición , pues la semilla de la bondad fue cultivada por cada pueblo que buscó los dulces frutos de la divinidad junto al fértil arroyuelo de sus sueños.

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