ALIMENTOS DEL ESPÍRITU

ALIMENTOS DEL ESPÍRITU

Cuando los Incas llegaron al mítico reino de los Quitus, buscaban la tierra del Sol Recto: Qui – tor, el lugar del mundo donde la inclinación planetaria de 23 grados, 27 minutos daba una divina fertilidad a la tierra, un acogedor refugio al sol y un delicioso sabor al maíz.
Para los pueblos antiguos la alimentación era un acto sagrado de comunión con sus dioses. Ayunos como banquetes, mitos y rituales, estaban diseñados no solo para nutrir el espíritu sino también para nutrir el alma.

Aristóteles afirmaba en la Grecia Clásica, que la catarsis consistía en la purificación del espíritu y del cuerpo mediante el arte y la sana alimentación. La educación era la mejor forma de nutrirse el espíritu y el ayuno una privación catártica. La ataraxia consistía en el ayuno de deseos, tener menos para poseerse más a uno mismo. Ayuno que el profeta Isaías en el capítulo 58 de la Biblia lo definía no como una hipócrita privación de alimentos, sino como un fraternal compartir de los alimentos. El ayuno era un pacto secreto entre el hombre y Dios y no un motivo de petulancia, como lo había denunciado Jesús en sus evangelios.

En su obra “Como Crear Salud” el endocrinólogo Depak Chopra, señala que la razón fisiológica para valorar el ayuno, es que este estimula la hormona del crecimiento y con ella la acción inmunológica de la glándula timo.

En el Incario la condición básica para el Wuaraku o Iniciación era el ayuno purificador. El futuro rey no solo debía administrar con justicia la nutrición de la comunidad, sino también conducir los Raimis o Fiestas solares:
El de marzo con su grano maduro, el de junio para la Chicha del grano seco, el de septiembre para preparar la tierra y el de diciembre para la floración. Pero si de banquetes se trata, este ha sido considerado el mayor símbolo de festividad y reconciliación a lo largo de la historia. Para muestra están las Comaiz o comidas festivas en honor a Baco y la última cena de Jesús. Con sus discípulos, o hasta el banquete de bienvenida para el hijo pródigo. Los banquetes simbolizaron la solidaridad entre Dios y los hombres.

Solidaridad, ayuno del ego y banquete del espíritu; al fin y al cabo el pan más rico, no es ni el francés, ni el burgués, sino el que se comparte. Por que el sabor de la ternura no está en el banquete sino en el regocijo de los invitados.

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